Las exigencias ambientales de la Unión Europea se endurecen y obligan a Argentina a preparar una respuesta integral que abarca desde los campos hasta los frigoríficos, pasando por los sistemas de transporte, industrialización y certificación. Gastón Funes, agregado agrícola de la Embajada argentina ante la Unión Europea, advirtió en diálogo con Bichos de Campo que “hay muchas luces amarillas” en el horizonte comercial.
El reglamento contra la deforestación, las restricciones al uso de antimicrobianos en animales y las nuevas reglas sobre envases conforman una agenda que afecta a distintas exportaciones agroindustriales. Funes destacó que el país avanzó en la adaptación a este nuevo escenario, aunque señaló que todavía debe instalar la llegada de esas exigencias en los productores primarios.
Uno de los desafíos inmediatos es el reglamento europeo 1113, contra la deforestación, cuya aplicación está prevista para fines de diciembre. La soja y la carne vacuna son dos de las actividades más expuestas, por lo que la Secretaría de Agricultura, la Cancillería y las empresas vienen trabajando en estrategias para responder a las nuevas normas.
El desafío de clasificar como país de riesgo bajo
Argentina busca que la Comisión Europea la clasifique como país de “riesgo bajo” de deforestación, en lugar de riesgo medio. Según Funes, ya se entregó información oficial para respaldar esa posición. El funcionario consideró que cumplir con estas exigencias puede convertirse en una ventaja competitiva, pero aclaró que el trabajo no termina en los exportadores.
“Los productores tienen que encontrar la forma de dar las garantías a sus frigoríficos de que cumplen con lo que exige el reglamento”, remarcó el agregado agrícola. Para Funes, las empresas exportadoras están más expuestas a los cambios regulatorios y conocen mejor los riesgos inmediatos, mientras que el desafío es extender la preparación hacia quienes producen la materia prima.
La ventana que dejó Brasil con los antimicrobianos
Otro frente crítico es el uso de antimicrobianos en animales destinados a la producción de alimentos. La normativa europea prohíbe determinados medicamentos en esos animales y también impide utilizar cualquier antibiótico como promotor del crecimiento. La Comisión Europea envió cuestionarios a los países exportadores hace unos tres años.
Según Funes, el Senasa respondió en tiempo y forma, aportó información adicional y adoptó medidas específicas. El resultado fue relevante: Argentina quedó en la lista de países autorizados a continuar exportando productos de origen animal a la Unión Europea, mientras que Brasil quedó afuera.
Brasil ya trabaja para recuperar el acceso. Presentó un plan de acción y recibió una auditoría europea que evaluó productos aviares y miel. El resultado de esa inspección habría sido favorable, por lo que Funes consideró posible que esos rubros recuperen el mercado en el corto plazo. Sin embargo, aclaró que todavía no se había realizado una auditoría equivalente para la carne vacuna brasileña.
Mientras dure esa exclusión, el resto del Mercosur tendrá que aprovechar la cuota arancelaria que Brasil no pueda utilizar. Pero Funes pidió cautela: la situación demuestra que ningún proveedor tiene garantizado el acceso si no puede acreditar el cumplimiento de las normas.
El agregado agrícola también destacó el papel del Senasa, cuyas últimas auditorías europeas tuvieron buenos resultados, y anticipó que habrá nuevas revisiones durante el próximo año.













