La política contra el hambre en comedores populares se convirtió en el eje de la asistencia alimentaria en Argentina mientras el gobierno de Javier Milei profundiza el desmantelamiento de programas tradicionales. Más de treinta mil espacios comunitarios distribuyen alimentos diariamente en barrios y parajes del país, sostenidos por cocineras que trabajan en condiciones de extrema precariedad.
Las organizaciones sociales enfrentan un doble desafío: cubrir la creciente demanda de raciones y mantener encendidas las ollas sin recursos garantizados. Según un informe de la Fundación Rosa Luxemburgo y el CELS titulado Rascar la olla, estas trabajadoras deben gestionar donaciones, recolectar leña de la calle ante la falta de garrafas, y actuar como confidentes en casos de violencia de género. El rol excede largamente la cocción de alimentos.
El gobierno nacional mantuvo algunas políticas asistenciales a niveles inflacionarios, pero el sostenimiento real del sistema alimentario popular recae en las mujeres que encabezan los comedores barriales. Leonardo Rossi, autor del análisis publicado por Agencia Tierra Viva, sostiene que estas trabajadoras recrean una “economía moral del pan” heredada de sociedades campesinas donde no era concebible que un vecino pasara hambre mientras otros comían.
Las cocineras comunitarias sostienen una subjetividad política del cuidado
La tarea de estas mujeres trasciende la asistencia inmediata. Organizan festejos de cumpleaños que pueden ser únicos para muchas niñas y niños, articulan redes de contención frente a la violencia, y reconstruyen tejido comunitario en territorios donde todo conspira para su destrucción. Si se decretara una “huelga de ollas apagadas” por apenas algunos días, la situación social sentiría su cimbronazo inmediato.
El actual gobierno reivindicó discursivamente la producción política del hambre dentro de las reglas capitalistas y concretó ataques directos a las redes organizativas que soportan la alimentación comunitaria. Trabajos del Observatorio de la Deuda Social documentaron picos catastróficos de carencia alimentaria con geografías y segmentos sociales marcadamente diferenciados, abordados históricamente desde políticas asistenciales que normalizaron el hambre en lugar de atacar sus causas estructurales.
Las cocineras comunitarias sostienen hoy lo que resta de comunidad en cada barrio argentino. Su relevancia política es enorme, pero traducir ese peso en capacidad de perturbar efectivamente el poder económico es una tarea de imaginación política profundamente desafiante. La nueva estrategia de seguridad alimentaria del país se cocina en esas treinta mil ollas encendidas, no en los despachos oficiales.
Fuente original: https://agenciatierraviva.com.ar/la-nueva-politica-contra-el-hambre-se-cocina-en-los-comedores-populares/












