Hace 26 años que recupero materiales y durante mucho tiempo, este trabajo fue visto solamente como una forma de subsistencia. Pero para muchas familias como la mía, también fue una oportunidad para salir adelante.
Cuando empecé en el año 2000 tenía 37 años y juntaba cartones en Benavídez. Después me vine a Capital. En ese entonces, mi herramienta de recolección era un carrito de supermercado y con el tiempo, fui juntando hierros de la calle hasta armar mi propia carreta.
En esos años todo era mucho más duro. Trabajábamos en la calle, sin ningún tipo de protección, horarios, ni herramientas y dependíamos de intermediarios que pagaban lo que querían por el material. Muchas veces nos perseguían, nos sacaban los carros y nos trataban como si no fuéramos trabajadores.
Tuve la suerte de conocer compañeros que me invitaron a sumarme a una cooperativa, lo que transformó mi vida y también la de muchísimos recuperadores independientes. Con organización, capacitación y trabajo colectivo, pudimos profesionalizar nuestra tarea y transformar una actividad históricamente informal en un sistema más justo.
Pasar de no tener nada y trabajar en la calle a tener un Centro Verde, contar con elementos de seguridad, herramientas y uniformes, cambió nuestra realidad. Hoy muchos compañeros tienen rutas de recolección y camiones para trasladar materiales.
Entendí que nuestro trabajo tiene valor y que merecemos los mismos derechos que los demás. Iniciativas como el Programa Recuperadores, impulsado por Fundación Avina, Danone y CCU Argentina, fueron y son una gran ayuda en este camino, brindándonos herramientas para profesionalizar y dignificar lo que hacemos.
Hoy, mi mayor orgullo es ver a mi hijo Jonathan trabajando dentro del sistema que nosotros ayudamos a construir. Para una madre, que su hijo tenga un empleo digno es un logro enorme, porque sé lo difícil que está la calle.
El camino que hicimos nosotros fue distinto al de las nuevas generaciones. Empezamos desde abajo, en condiciones muy difíciles, cuando nadie hablaba de reciclaje inclusivo ni reconocía el trabajo de los recuperadores urbanos. Para ellos, la oportunidad no es solo tener un empleo, es garantizar que este sistema sea una carrera con futuro y no solo una salida de emergencia.
Aprendimos que ningún derecho está garantizado para siempre y que todo lo que conseguimos hay que seguir cuidándolo. Porque detrás del reciclaje hay miles de familias que viven de este trabajo y jóvenes que necesitan oportunidades reales para no quedarse afuera.
Por eso creo que esta actividad no puede pensarse solamente desde lo ambiental. También hay que entenderlo como una herramienta de inclusión y de trabajo digno. Cuando una cooperativa crece, no solo mejora el reciclaje, también mejora la vida de quienes trabajan en él.
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