Como sacerdote guatemalteco, miembro de la Red Eclesial Ecológica Mesoamericana (REMAM) y coordinador adjunto del Capítulo Guatemala del Movimiento Laudato Si’, tuve la oportunidad de participar en la Primera Conferencia Internacional sobre la Transición para Abandonar los Combustibles Fósiles, realizada en Santa Marta, Colombia, del 24 al 29 de abril de 2026.
Llegar hasta allí implicó varias horas de vuelo, aeropuertos y escalas, dejando por algunos días los compromisos cotidianos de la parroquia, las celebraciones, las reuniones comunitarias y el caminar habitual con la gente. Pero en el corazón llevaba algo mucho más grande que un viaje personal: la voz de los pueblos mesoamericanos, de tantas comunidades que resisten diariamente frente a la destrucción de sus territorios, y también la esperanza de quienes siguen creyendo que otro mundo todavía es posible.
La experiencia vivida en Santa Marta, Colombia, del 24 al 29 de abril del 2026, dejó al descubierto no solo compromisos individuales y comunitarios, sino a su vez marcó la apertura de un camino compartido por el cuidado de los territorios y las personas –una especie de sinodalidad socio-interreligiosa-, que elevó un fuerte ¡grito de paz! Desenmascarando sistemas económicos de muerte y destructores de los tejidos sociales. Sin embargo, este llamado no estuvo dirigido únicamente hacia los “otros” y “otras”, sino también hacia nosotros mismos. Fue un reconocimiento al: Nosotros, a nuestras propias responsabilidades y contradicciones.
En la diversidad de expresiones de fe se pudo palpar el compromiso por un mundo más humano, más de todos, pero ante todo en paz. Una muestra de ello fue la misma coalición ecuménica interreligiosa y ecoespiritualidad del Sur Global, donde más de veinte organizaciones se sumaron al manifiesto común, algunas de sus peticiones o razones para abandonar los combustibles fósiles fueron: «Un cambio cultural y espiritual, que reconoce los límites del planeta y busca una vida sobria y digna para todos y todas. Fin inmediato al desarrollo de nuevas explotaciones de carbón, petróleo y gas. Libre determinación, consentimiento libre, previo e informado y protección y seguridad jurídica de los territorios de los pueblos originarios» [Documento y firmas del 24 de abril 2026 en el salón del colegio diocesano San José, Santa Marta].
Las comunidades inter-fe, como fueron identificadas por los organizadores de la conferencia, también estuvieron en las calles: En la caminata o marcha participaron pueblos, juventudes y colectivos diversos. Uno de los símbolos más impactantes fue una enorme serpiente que avanzaba entre la multitud. Desde una tarima abierta resonaron denuncias y testimonios, incluso de niñez.
Por las noches, en el parque de Los Novios, se realizó exposiciones de retratos de líderes ambientales asesinados, entre ellos: Chico Méndez, Berta Cáceres, Juan López, etc. La actividad se llamó Bosque de la memoria. Cada uno de estos momentos, se vivieron con calma, entrega y tranquilidad, no era un grito de desorden sin más, era un «habitar el lugar», por eso Santa Marta se convirtió en un lugar teológico. Un lugar donde Dios habita y se protege la Vida de todos.




La presencia de varios obispos, desde el sector católico, permite también, comprobar que algo nuevo está brotando, está surgiendo, pues no solo estuvieron en los templos, o en los espacios propios, sino también en las calles, comiendo un helado, tomando un café, escuchando en las aulas de las universidades como miembros activos en diferentes paneles, como en la universidad cooperativa de Colombia, donde las comunidades interfe tuvieron su salón para compartir y dialogar.
Escuchar testimonios de quienes luchan por una Amazonia libre de petróleo me hizo recordar el texto de Querida Amazonia: «Los que creyeron que el río era un lazo para jugar se equivocaron. El río es una vena delgadita en la cara de la tierra. El río es una cuerda de donde se agarran los animales y los árboles. Si lo jalan muy duro, el río podría reventarse. Podría reventarse y lavarnos la cara con el agua y con la sangre» (Querida Amazonia 47)»




Y también resonó con fuerza el mandamiento del Éxodo: ¡No mataras! (Ex 20, 13), como nos recuerda Laudato Si’, citando a los obispos de Nueva Zelanda: “qué significa el mandamiento «no matarás» cuando «un veinte por ciento de la población mundial consume recursos en tal medida que roba a las naciones pobres y a las futuras generaciones lo que necesitan para sobrevivir» (Laudato Si 95). Eso mismo sucede cuando destruimos territorios para obtener petróleo, estamos matando a las personas y demás seres vivos al contaminar el agua, e incluso algunos saqueadores de los ríos, selvas y mares, se vuelven asesinos al matar agentes de pastoral, líderes comunitarios, ambientalistas, activistas… por defender y denunciar los saqueos y luchar para la conservación de los ecosistemas, regeneración de lo dañado, y no permitir más destrucción ni saqueos por el nuevo colonialismo.
¡La creación gime dolores de parto y espera la manifestación de los hijos de Dios! (Rm 8, 19-22): Sufren los pueblos donde se instalan las cementeras, las mineras, la palma africana, areneras, donde se deforesta para pastar ganado, petroleras, corredores o canales interoceánicos… Son muchas las estructuras de muerte que siguen oprimiendo a los pueblos y a la Creación. Porque, como nos recuerda Laudato Si’: «No hay dos crisis separadas, una ambiental y la otra social, sino una sola y compleja, crisis socio-ambiental» (LS 139).
Así, la experiencia vivida en Santa Marta no podía suceder sin que las comunidades interfe participaran, vivieran y celebraran la Santa eucarística en la catedral de la diócesis de Santa Marta, en el día del Buen Pastor, en donde se encontraron alguna vez los restos de Simón Bolívar.
Sanar el corazón herido y enfermo, no solo implica hacer cambios en documentos o acuerdos, sino también transformar nuestras formas de encontrarnos, escucharnos y caminar juntos. El arzobispo Domingo Ulloa lo decía en su homilía: «La crisis ecológica tiene un trasfondo más profundo que lo técnico o económico. Es una crisis profundamente espiritual. Es una crisis del corazón humano».
- El Padre Anderson Barahona es Coordinador adjunto del Capítulo Guatemala del Movimiento Laudato Si’ y miembro de la Red Eclesial Ecológica Mesoamericana (REMAM).
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