La ruta BR-319, una carretera de tierra que atraviesa 870 kilómetros de selva virgen en el Amazonas brasileño, es el único vínculo terrestre entre el estado de Amazonas y el resto de Brasil. Ahora, después de décadas de batallas judiciales, el gobierno avanza con planes para pavimentarla completamente, una decisión que científicos y grupos ambientalistas consideran una amenaza directa para la supervivencia de la selva.
Carlos Santos, camionero de 45 años, conoce cada bache de la BR-319. En su peor travesía, tardó 22 días en cruzarla. “Es una prueba de supervivencia en la jungla”, dijo Santos a Grist, el medio que recorrió la ruta este año. “El tiempo se mueve lento. Tenés que racionar comida y agua”. De noche, colgaba una hamaca en su cabina y veía pasar jaguares, tapires y serpientes frente a su camión, atrapado en el barro.
Para Santos y los 4,2 millones de habitantes de Amazonas, un estado del tamaño del doble de Texas, la pavimentación es una demanda histórica: sienten que el aislamiento frena el desarrollo económico de la región. “¿Por qué el estado de Amazonas no tiene derecho a estar conectado con el resto del país?”, preguntó el camionero.
Por qué los científicos advierten que pavimentar la ruta desatará deforestación masiva
La decisión no es sencilla. Científicos advierten que asfaltar la BR-319 conectará regiones hasta ahora inaccesibles del Amazonas con las zonas más presionadas por la tala, desatando una ola de deforestación con consecuencias globales. El bioma amazónico almacena entre 150.000 y 200.000 millones de toneladas de carbono en sus plantas y suelos, según datos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC). Cuando la selva se tala y se quema, ese carbono vuelve a la atmósfera y acelera el calentamiento global.
Grupos indígenas que viven en las inmediaciones también denuncian que el proyecto representa una amenaza existencial para sus comunidades. La historia de la deforestación en el Amazonas es, en gran medida, la historia de la construcción de carreteras: en los años setenta, la dictadura militar brasileña impulsó una política agresiva de infraestructura vial que abrió paso a colonos, ganaderos y madereros.
Cómo es hoy recorrer la carretera que divide opiniones en Brasil
En mayo de este año, antes de que la pavimentación entrara en plena marcha, Grist acompañó a Santos en su recorrido habitual. La salida fue a las 3 de la madrugada desde un centro de distribución en las afueras de Manaus, capital de Amazonas y hogar de más de 2 millones de personas. A pesar de su aislamiento, Manaus es un polo industrial importante, heredero de incentivos fiscales que atraen inversiones desde los años sesenta. Hoy, la inmensa mayoría de los bienes entran y salen de la ciudad por barco o avión.
Los defensores del asfalto argumentan que esa dependencia eleva costos, alarga tiempos de entrega y deja a la región vulnerable a interrupciones en la navegación fluvial, cada vez más frecuentes por sequías extremas. Tras cruzar el río Negro en ferry y pasar el famoso encuentro de las aguas donde el río oscuro se junta con el Solimões marrón sin mezclarse, Santos y su carga de electrodomésticos, muebles y medicamentos enfilaron hacia Porto Velho, capital de Rondônia, al otro extremo de la ruta. El viaje estaba calculado en dos días con parada nocturna, pero en la BR-319 nada está garantizado. “Nunca sabés qué esperar”, dijo Santos.
La BR-319 reabrió en 2015 después de décadas de abandono. En ese entonces, según el camionero, los pozos de barro se extendían por decenas de metros en temporada de lluvias y los cráteres tenían el tamaño de vehículos pequeños. Hoy, con la pavimentación en marcha, sectores de la carretera ya están asfaltados. Pero el debate sobre su futuro recién empieza: lo que está en juego no es solo la conectividad de un estado, sino la supervivencia de una de las últimas áreas intactas de la selva amazónica.
Fuente original: https://grist.org/economics/a-trip-down-the-road-that-will-determine-the-fate-of-the-amazon-br-319-brazil/
