Cada vez que se piensa en el Primer Encuentro Hispanoamericano del Movimiento Laudato Si’ vuelve una convicción muy simple: En tiempos de crisis, encontrarnos también es una forma de cuidar la vida. No se trata solo de reunir personas en un mismo lugar, sino algo más profundo. La posibilidad de escucharnos, reconocernos, discernir y animarnos mutuamente en una misión que muchas veces se vive en medio del cansancio, la fragmentación y la urgencia.
Desde el Movimiento, se ha podido ver cómo en distintos países de Hispanoamérica hay comunidades, animadores, capítulos y círculos que sostienen con mucha fidelidad procesos valiosos de espiritualidad, incidencia, formación y cuidado de la casa común. Pero también se ha visto que, a pesar de esa riqueza, no siempre tenemos el tiempo o el espacio para compartirla en profundidad, leer juntos lo que estamos viviendo y proyectar una respuesta más articulada frente a la crisis socioambiental que atraviesa nuestra región. Por eso, este encuentro en Bogotá no aparece como un evento más, sino una necesidad madura, nacida del propio camino recorrido por el Movimiento en Hispanoamérica, es por ello que resulta fundamental participar en este Encuentro
El evento se realizará del 1 al 5 de octubre de 2026 en la sede del CELAM, en Bogotá, y buscará fortalecer el espíritu misionero, el liderazgo sinodal y la articulación regional del Movimiento en la región. No está pensado sólo como una instancia de formación, sino como un espacio celebrativo. La propuesta es más ambiciosa y, al mismo tiempo, más evangélica: reunirnos para “escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (LS.49) y responder de manera creativa y profética.
La experiencia que se vivirá en Bogotá no solo será de encuentro, tendrá múltiples espacios de espiritualidad (Eucaristía, laudes y más) y reflexión guiados por sacerdotes, religiosas y un equipo que ya se está preparando desde la oración. También contará con momentos de formación, conferencias y talleres llevados a cabo por expertos y notables disertantes, así como también por personas con un trayecto de vida que merece ser compartido. Finalmente, no faltarán el tiempo de celebraciones comunitarias y riqueza cultural para festejar nuestro encuentro.
El Papa Francisco presente en el lema del evento
El lema elegido, ‘’Sean Creativos’’, toca algo muy hondo. Estas fueron las últimas palabras que el Papa Francisco pronunció a algunas personas del movimiento, previo a su última internación en el hospital Gemelli. Estas no hablan de una creatividad superficial, ni de la necesidad de inventar novedades vacías, hablan de una creatividad integral capaz de abrir caminos en un mundo convulsionado que requiere respuestas frente a una crisis socioambiental que se acrecienta.
Esta creatividad que nace desde la propuesta del encuentro no separa dimensiones que a veces aparecen fragmentadas. Este espacio quiere integrar ecoespiritualidad, sostenibilidad y denuncia profética, reconociendo que solo una respuesta integral puede afrontar una crisis igualmente integral. Esa convicción es central. No alcanza con organizarnos si perdemos la raíz espiritual. No alcanza con denunciar si no somos capaces de sostener la comunidad y la esperanza. En el fondo, este encuentro parece querer recordarnos algo muy propio del Papa Francisco: todo está conectado, y que también nuestra respuesta debe estar conectada.
Un augurio esperanzador
Pensar este encuentro como una oportunidad para que la región se mire a sí misma con más verdad y más confianza. Con más verdad, porque necesitamos leer con honestidad nuestros desafíos: el agotamiento de liderazgos, la dispersión de esfuerzos, la dificultad para sostener procesos, la urgencia de fortalecer la incidencia, entre otros. Con más confianza, porque Hispanoamérica sigue siendo una tierra de enorme riqueza biocultural, espiritual y organizada, donde muchísimas personas siguen defendiendo la vida desde los márgenes, desde las parroquias, los movimientos, pueblos y la fe compartida.
También resulta valioso que el encuentro no se plantee como un punto de llegada, sino como un punto de partida. A veces corremos el riesgo de pensar los grandes encuentros como metas en sí mismas, cuando en realidad su sentido más profundo está en lo que ayudan a despertar después. Si este espacio logra renovar la creatividad y la esperanza de quienes participan, entonces su fruto más importante no será lo que ocurra en Bogotá, sino lo que cada animador/a, pueda llevar luego a su territorio.
Este encuentro parece necesario porque la esperanza también necesita hacerse visible. Hacen falta espacios donde podamos recordar que no estamos solos, que la misión no depende de una sola persona ni de un solo país, y que el Espíritu sigue actuando en la región, incluso en medio de contextos muy difíciles. Reunirse, en ese sentido, no es retirarse del conflicto, sino prepararse mejor para habitarlo con más hondura, más claridad y más fuerza comunitaria.
Por eso este encuentro puede mirarse con esperanza, porque puede ayudar a consolidar una voz regional más articulada, más encarnada y más disponible para servir a la Iglesia y a nuestros pueblos.
Ojalá se llegue a Bogotá con apertura interior, con humildad para escuchar y con disposición para dejarnos mover. Ojalá se pueda volver de allí no solo con nuevas ideas, sino con un compromiso renovado con nuestra casa común y con los pueblos que más sufren. Porque, al final, un encuentro recién empieza cuando se convierte en misión.












