La presencia de microplásticos en el mar dejó de ser una preocupación lejana para convertirse en un dato a medir. En la costa patagónica, el Gobierno del Chubut sostiene desde hace varios años un programa de monitoreo de microplásticos y fibras textiles —agrupados bajo la categoría de partículas antropogénicas— que acaba de presentar su tercer informe.
La iniciativa depende de la Secretaría de Ambiente y Control del Desarrollo Sustentable provincial y tiene un objetivo que, aunque técnico, es clave para cualquier política ambiental: construir una línea de base propia que permita saber cómo está hoy la costa chubutense y cómo evoluciona con los años.
Agua y mejillones: dos formas de mirar el mismo problema
El relevamiento trabaja sobre dos matrices complementarias. La primera es la columna de agua, que funciona como una “foto” de la situación al momento del muestreo. La segunda es el tejido de mejillones: al ser organismos filtradores, estos moluscos acumulan las partículas presentes en su entorno y actúan como indicadores biológicos de una exposición sostenida en el tiempo.
Los sitios de muestreo fueron elegidos para abarcar ambientes con condiciones distintas: golfos cerrados y semicerrados, costa abierta y un ambiente fluvial. Son cinco:
- Golfo San José
- Golfo Nuevo
- Camarones
- Golfo San Jorge
- Río Chubut
Para el trabajo de campo, la provincia aprovecha la logística ya desplegada para el monitoreo de marea roja, lo que permite sostener la frecuencia de los relevamientos.
Un protocolo para evitar la contaminación cruzada
Medir microplásticos exige cuidados especiales: las propias herramientas de muestreo, la ropa de los técnicos o las embarcaciones pueden aportar partículas y distorsionar los resultados. Por eso, las muestras de agua se toman desde embarcación, a distancia de la costa y lejos de estructuras y artes de pesca, en envases de vidrio especialmente acondicionados. Los mejillones se recolectan mediante buceo o desde la costa, con el mismo criterio de resguardo. En cada sitio se toman réplicas para dar mayor solidez a los resultados.

Todas las muestras se analizan en el Centro Nacional Patagónico (CENPAT), con sede en Puerto Madryn.
El informe técnico reconoce una dificultad de fondo: todavía no existe consenso internacional sobre cómo tomar, procesar e inspeccionar este tipo de muestras. En ese contexto, mantener un método propio y constante a lo largo de los años se vuelve tan importante como el dato en sí.
Sin línea de base, no hay política que se pueda evaluar
La lógica del programa es sencilla: ninguna medida de gestión, control o prevención puede evaluarse si no existe un punto de partida contra el cual compararla. Por eso, en lugar de realizar relevamientos aislados, la provincia optó por repetir el monitoreo año tras año con los mismos sitios, la misma metodología y el mismo equipo técnico.
Esa continuidad es la que permitirá seguir la evolución de las partículas antropogénicas en el litoral chubutense y contrastar los datos con los de otras zonas costeras del mundo. Además, la información alimenta las tareas de control y fiscalización ambiental de la Secretaría, el diseño de políticas de gestión de residuos y el trabajo con organismos científicos y municipios.
“Crear y mantener programas de investigación como éste, que monitorean de manera sistemática, es una decisión de política ambiental. Es lo que nos permite tener información propia y verificable sobre nuestra costa, construir líneas de base y, a partir de ellas, controlar, prevenir y tomar decisiones”, afirmó el secretario de Ambiente y Control del Desarrollo Sustentable, Juan José Rivera.
La Secretaría prevé dar continuidad al programa y evaluar la incorporación de nuevos indicadores biológicos que complementen el relevamiento actual.












