Los manglares son mucho más que simples terrenos pantanosos. Se trata de un ecosistema costero que puede ayudar a hacer frente al cambio climático, proteger a las comunidades y contribuir a sostener la vida marina. En Estados Unidos se distribuyen principalmente en Florida, también están presentes en las costas del Golfo de México.
Cada 26 de julio se conmemora el Día Internacional para la Conservación del Ecosistema de Manglares, una fecha proclamada en 2015 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) con el propósito de sensibilizar sobre su importancia y promover acciones para detener su degradación.
Los manglares crecen en la transición entre la tierra y el mar, principalmente en regiones tropicales y subtropicales. Sus árboles desarrollan raíces capaces de sobrevivir en aguas salobres (agua dulce y marina) y suelos con poco oxígeno, una adaptación que les permite formar una barrera natural entre los ecosistemas terrestres y marinos.
América Latina y el Caribe alberga el 26% de los manglares del mundo, convirtiéndose en una región clave para la conservación del ecosistema. Sin embargo, la UNESCO advierte que estos bosques costeros están disminuyendo debido a la sobreexplotación de los recursos naturales.
ManGRes es la iniciativa impulsada desde el 2022 por la agencia para promover la restauración de manglares en Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, México, Panamá y Perú. ¿Cómo? A través de acciones basadas en la ciencia y el trabajo conjunto con organizaciones locales.
Un ecosistema que protege mucho más que la costa
La importancia de los manglares va mucho más allá del paisaje. La UNESCO destaca que funcionan como una primera línea de defensa frente a tormentas, huracanes, marejadas, tsunamis y la erosión costera. ¿Cómo? Los manglares reducen la fuerza del oleaje antes de que llegue a las comunidades.
Un estudio de The Nature Conservancy y la organización Wetlands International evidenció que una franja de manglares de aproximadamente 500 metros de ancho puede disminuir entre un 50% y un 99% la altura de las olas, dependiendo de las condiciones del terreno y la vegetación.
Este servicio ecosistémico adquiere mayor relevancia en el contexto de impactos presentes del cambio climático, como el aumento del nivel del mar y la intensificación de eventos climáticos extremos -como huracanes, tormentas, precipitaciones-.
Los manglares contribuyen a estabilizar los sedimentos, mejorar la calidad del agua y disminuir el impacto de las inundaciones costeras, beneficios que repercuten directamente en la seguridad de miles de personas que viven cerca del litoral.
Refugio para la biodiversidad
RISE UP for the Ocean, una red global de organizaciones que trabaja en la promoción de políticas en pos del cuidado del océano y decididas junto a las comunidades más afectadas, considera a los manglares como “guarderías” del océano. ¿De qué se trata?
Las raíces de los manglares sirven de refugio para peces, crustáceos, moluscos y otras especies marinas, en particular durante sus etapas iniciales de desarrollo. Esto favorece a la riqueza ecosistémica del área y a la generación de actividades productivas para las comunidades aledañas, como la pesca y el ecoturismo.
Los manglares albergan aves, reptiles, mamíferos, insectos y plantas adaptadas a los ambientes salinos, convirtiéndose en uno de los ecosistemas con mayor productividad biológica del planeta. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) afirma que proporcionan hábitat a cerca de 1.533 especies de fauna y flora.
Para las comunidades costeras, estos bosques no sólo representan el desarrollo de actividades productivas, sino también su fuente de alimentos y subsistencia.
En enero de 2026, el Servicio Geológico de EE.UU. documentó cambios en la distribución de manglares asociados al aumento de las temperaturas durante el inviero. La expansión de estos ecosistemas, que se realiza ante mayor calor, se realiza hacia el norte, especialmente en la costa atlántica de Florida.
Aliados contra el cambio climático
Uno de los aportes más relevantes de los manglares es su capacidad para capturar y almacenar carbono, conocido como el “carbono azul”. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) lo define como el carbono orgánico capturado y almacenado por el océano en ecosistemas costeros con vegetación. Uno de esos ecosistemas son los manglares.
Es decir, a diferencia de los bosques más populares, gran parte de este carbono azul permanece retenido bajo las raíces de los manglares, en los sedimentos y durante largos períodos.
Una sola hectárea de manglares puede almacenar en promedio 1.023 mg de carbono por hectárea, según un estudio publicado en Nature. Ello los convierte en una de las mayores densidades registradas entre los ecosistemas naturales: una hectárea de bosque terrestre almacena cerca de 200 mg.
Cuando estos bosques son destruidos, ese carbono acumulado se libera nuevamente a la atmósfera, contribuyendo al calentamiento global. Se estima que la deforestación de manglares puede generar emisiones de 0,02 a 012 pg de carbono por año. ¿Eso es mucho o poco? Representa alrededor del 10% de las emisiones derivadas de la deforestación mundial, aún cuando los manglares sólo representan el 0,7 de los bosques tropicales.
Conservar y restaurar manglares se convirtió no solo en una necesidad en pos de su conservación, sino también una estrategia para la mitigación y adaptación frente al cambio climático.













